miércoles, 14 de septiembre de 2022

 

Operación dragón





 

   Bruce Lee le haría el momento menos odioso, menos violento. Había acudido puntualmente a la cita y cuando ella llegó, tenía los boletos en la mano. Los entregó amablemente al portero y condujo del brazo a su novia. Las luces de la sala ya se habían apagado, así que Ramón entrecerró los ojos para ver mejor. Subieron las escaleras hasta encontrarse junto a la cabina del proyector. Como era la primera función se hallaron solos en esa parte del cine que habitualmente es la más concurrida por parejitas. Bruce Lee enfrentaba a un karateca gigante que no necesitaba hacer mucho esfuerzo para repeler sus ataques. Ramón se mordía las uñas nerviosamente, no porque fuera su primera cita con Aída, sino porque no sabía cómo empezar el ataque. Primero colocó su mano en el descansabrazo para acercarla a su rodilla lentamente. Volteó a verla y notó que permanecía imperturbable, con la vista en la pantalla. Aproximó su cara hasta estar seguro de que ella sentía su respiración en el cuello. El luchador de la pantalla se encontraba en la disyuntiva de pelear primero con un cinta negra o salvar a su novia de las manos del malvado Landorff. Estudió su perfil y recordó su traición. Ramón se preguntó si también habría de luchar con Aída, pero ella le desabrochó dócilmente el cinturón negro y se inclinó hacia él, Ramón le acarició la cabeza con la mano izquierda y aprovechó que estaba casi recostada sobre sus piernas para clavarle el puñal en el costado. El grito coincidió con el momento en que Bruce Lee arrojaba al contrahecho villano por la ventana; nadie notó nada. Cuando salió del cine observó que no tenía una sola mancha de sangre y bendijo su buena suerte.

 

Retomado de: https://minisdelcuento.wordpress.com/2013/06/22/operacion-dragon/ Miguel Ángel Godínez. No. 114-115, Abril-Septiembre 1990. Tomo XIX – Año XXVII. Pág. 221

 

 

 

 

ANTOLOGÍA DE HAIKÚ (SIGLOS XV-XVII JAPÓN)

 

ANTOLOGÍA DE HAIKÚ SIGLOS XV- XVII, JAPÓN

 





Îo Sôgi (1421-1502)

Lluvia de anoche,

cubierta esta mañana

por la hojarasca.



Muere la luna,

brisa leve del alba,

mar en verano.

Lirios, pensad

que se halla de viaje

el que os mira.


 

Yamazaki Sôkan (1458-1542)

El año fenece;

nadie me da nada

este atardecer.


 

Arakida Moritake (1472-1549)

¿Una flor caída

volviendo a la rama?

Era una mariposa.

Al ruiponce

hoy se me ha parecido

mi vida entera.

 



Tadatomo (1624-1676)

El carbón blanco

fue, en tiempos pasados,

una nevada rama.

 

 

Yamaguchi Sodô (1642-1716)

No tiene nada

mi choza en primavera.

Lo tiene todo.

 

 

Matsuo Bashô (1644-1694)

A cada ráfaga

se desplaza en el sauce

la mariposa.

 

Del este o del oeste

sobre los campos de arroz

el sonido del viento

 

Ebrio, me duermo.

¡Y en la piedra florecen

las clavellinas!

Cae del árbol

y derrama su agua

una camelia.

 

 

Sólo viajero

quisiera ser llamado:

primer chubasco.

 

La libélula

intenta en vano posarse

sobre una brizna de hierba.


 

Lluvia de mayo.

Corre velozmente

el río Mogami.

¡Qué gloria!

Las hojas verdes, las hojas jóvenes

bajo la luz del sol.

 

En medio del campo,

sin apego de ningún tipo,

canta la alondra.

Un mar revuelto:

sobre la isla de Sado,

la Vía Láctea.

Crudo invierno:

El mundo de un solo color

y el sonido del viento.

Canta el cuclillo:

un bosque de bambú

filtra la luna.

 


 

Llega el otoño;

el mar y el campo tienen

el mismo verde.

Primera nieve:

las hojas del narciso

casi curvadas.

Crecen los días

para el canto insondable

de las alondras.

Un sauce verde

goteando en el barro:

marea baja.

En los claros de nieve,

el leve violeta de los brotes

de la flor de udo.

En el camino, la fiebre:

y por mis sueños, llanura seca,

voy errante.

Cuando miro con cuidado

¡veo florecer la nazuna

junto al seto!                                                                                                      

                                                                                                                           Con el rocío de la mañana,

sucio, fresco...

el barro del melón.

El cuervo horrible

¡qué hermoso esta mañana

sobre la nieve!

Me llamarán por el nombre

de caminante.

Tempranas lluvias de invierno.

Piernas enclenques

tendré, pero está en flor

el monte Yoshino.




Hoy el rocío

borrará lo escrito

en mi sombrero.

Una mujer lavando patatas;

si Saigyô estuviera

compondría un waka.

Bajo un mismo techo

durmieron las cortesanas,

la luna y el trébol.

En la bahía

también la primavera:

flores de olas.

A una amapola

dejó sus alas una mariposa

como recuerdo.

Olor a crisantemos.

Y en Nara, viejas

imágenes de Buda.

Yendo hacia Kioto

cubrían medio cielo

nubes de nieve.

Yo me pregunto,

avanzado el otoño,

qué hará el vecino.

 

 

Los crisantemos

se incorporan etéreos

tras el chubasco.







¡Qué santidad

la del hombre que ante un relámpago

no comprende la realidad!

Llora

la sombra sola de la anciana.

Compañera de la luna.

Plenilunio de otoño;

paseo en torno al estanque

toda la noche.

¡Ha llegado la primavera!

Monte sin nombre

entre fina hierba.

Las montañas y el jardín

se van adentrando

hasta mi habitación en verano.

Luna de agosto.

Hasta el portón irrumpe

la marejada.

Aroma del ciruelo,

de repente el sol sale.

Senda del monte.







La primavera pasa;

lloran las aves

y son lágrimas los ojos de los peces.

 

 

Quietud:

los cantos de la cigarra

penetran en las rocas.

Un viejo estanque;

se zambulle una rana,

ruido de agua.

Sobre la rama seca

un cuervo se ha posado;

tarde de otoño.

Este camino

ya nadie lo recorre

salvo el crepúsculo.

Yo soy un hombre

que come su arroz

ante la flor de asagao.

A la intemperie

se va infiltrando el viento

hasta mi alma.

El mar ya oscuro:

los gritos de los patos

apenas blancos.




 

 

 

 

Retomado de: Antología del Haikú. Unimatehuala.edu.mx. 14 de septiembre de 2022.

 

 

PROVERBIOS DEL INFIERNO DE WILLIAM BLAKE

 

PROVERBIOS DEL INFIERNO

WILLIAM BLAKE

 

En tiempo de siembra, aprende; en tiempo de cosecha, enseña; en invierno, goza.

Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.

El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría.

La Prudencia es una vieja solterona rica y fea cortejada por la Incapacidad.

Aquel que desea pero no obra, engendra peste.

El gusano perdona al arado que lo corta.

Sumerge en el río a aquel que ama el agua.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

Jamás se convertirá en estrella aquel cuyo rostro no irradie luz.

La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo.

La abeja laboriosa no tiene tiempo para la tristeza.

El reloj cuenta las horas de la necesidad, pero ningún reloj puede contar las horas de la sabiduría.

Los únicos alimentos sanos son aquellos que no coge la red ni el cepo.

Usa número, pesa y medida en un año de escasez.

Ningún pájaro se eleva demasiado alto, si vuela con sus propias alas.

Un cuerpo muerto no venga las injurias.

El acto más sublime consiste en colocar otro delante de ti.

Si el necio persistiera en su necedad se volvería sabio.

Villanía, máscara de la astucia.

Pudor, máscara del orgullo.

Las prisiones están construidas con piedras de la Ley, los burdeles con piedras de la Religión.

El orgullo del pavo real es la gloria de Dios.

Lubricidad del chivo, generosidad de Dios.

La cólera del león es la sabiduría de Dios.

La desnudez de la mujer es la obra de Dios.

Exceso de pena, ríe. Exceso de alegría, llora.

El rugido de los leones, el aullido de los lobos, la cólera del mar tempestuoso y la espada destructora

son porciones de eternidad demasiado grandes para el ojo del hombre.

La zorra cautiva no acusa sino al cepo.

La alegría, fecunda; el dolor da a luz.

Dejad que el hombre vista la piel del león y la mujer el vellón de la oveja.

El pájaro, un nido; la araña, una tela; el hombre, la amistad.

El necio egoísta y sonriente, y el necio triste y ceñudo serán tenidos por sabios y servirán de norma.

Evidencia de hoy, imaginación de ayer.

La rata, el ratón, la zorra y el conejo cuidan de las raíces; el león, el tigre, el caballo, el elefante, de los frutos.

La cisterna contiene; la fuente rebosa.

Un pensamiento llena la inmensidad.

Está pronto a decir siempre tu opinión, y el ruin te evitará.

Todo lo creíble es una imagen de la verdad.

Nunca perdió más tiempo el águila que cuando escuchó las lecciones del cuervo.

La zorra se provee; pero Dios provee al león.

Piensa por la mañana, obra al mediodía, come

por la tarde y duerme por la noche.

Aquel que ha permitido que abuses de él, te conoce.

Como el arado obedece las palabras, Dios recompensa las plegarias.

Los tigres de la cólera son más sabios que los caballos del saber.

Del agua estancada espera veneno.

Nunca sabrás lo que es suficiente a condición de que sepas lo que es más que suficiente.

Escucha el reproche de los necios: es un título real.

Los ojos de fuego, la nariz de aire, la boca de agua, la barba de tierra.

El débil en valor es fuerte en astucia.

Nunca pregunta el manzano al haya cómo crecer, ni el león al caballo cómo coger su presa.

El que agradece lo que recibe, da a luz una abundante cosecha.

Si otros no hubiesen sido necios, nosotros lo seríamos.

El alma llena de dulce placer no puede ser manchada.

En un águila miras una porción de genio. ¡Alza la cabeza!

Así como la oruga elige las hojas más hermosas para poner sus huevos, el sacerdote deposita su maldición sobre los mejores goces.

Crear una sola flor es trabajo de siglos...

La maldición fortifica; la bendición relaja.

El mejor vino es el más viejo, la mejor agua es la más nueva.

Las plegarias no aran; las alabanzas no maduran.

Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran.

La cabeza, lo Sublime; el corazón, el Pathos; los órganos genitales, la Belleza; los pies y manos, la Proporción.

Como el aire al pájaro o el agua al pez, así el desprecio al despreciable.

La coneja quisiera que todo fuese negro, y el buho que todo fuese blanco.

Exuberancia es Belleza.

El león sería astuto si tomara consejo de la zorra.

El progreso traza los caminos derechos; pero los caminos tortuosos, sin progreso, son los caminos del genio.

Antes asesina a un niño en su cuna que nutras deseos que no ejecutes.

El hombre ausente, la naturaleza estéril.

Nunca puede ser dicha la verdad de manera que pueda ser comprendida sin ser creída. ¡Bastante! o, más aún, demasiado.

 

Blake, William. (2020). El matrimonio el cielo y el Infierno. Ediciones El Aleph. p-p. 10-16.

 

William Blake

 




(Londres, 1757 - 1827) Pintor, grabador y poeta británico, una de las figuras más singulares y dotadas del arte y la literatura inglesa. Fue para algunos un místico iluminado, un religioso atrapado en su propio mundo, y para otros un pobre loco que sobrevivía gracias a los pocos amigos que, como Thomas Butts, creían en su arte y le compraban algunos grabados. La posteridad, sin embargo, ha considerado a William Blake como un visionario.

 

 

 

Retomado de: Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/blake.htm [fecha de acceso: 14 de septiembre de 2022].

 

martes, 17 de mayo de 2022

lunes, 16 de mayo de 2022

ÁGORA, REVISTA DE MINIFICCIONES, 4° EDICIÓN, AÑO 2021. Una revista recomendable.

Saludos amigos,


Recomiendo leer la siguiente revista: 

https://www.researchgate.net/publication/355999257_Agora_revista_de_minificciones_Cuarta_edicion_ano_2021



viernes, 14 de mayo de 2021

 

EL INFIERNO SON LOS OTROS


Por 

Víctor Hugo Osorio Céspedes

 

 




AGAPITO

El santo iba por la vereda de roca pura, lanzando bendiciones como si fuese una lluvia de Maná o de ranas o de sanguinolentos fangos… Todos allí, -como bestias en celo- en la santa y antiquísima ciudad de Roma, alcanzaron una migaja de sus bendiciones…

Al resto no los contemos en la bienaventuranza…

Se les puede ver el Infierno, mendigando las migajas de San Agapito…

Ahora podemos verlos revolcarse en el fondo de las miradas odiosas… Fueron famosas las campañas moralizadoras del santo; pero no hay que alimentar al desahuciado del espíritu…

 

AGATÓN

Constantinopla. Muchos siglos atrás… San Agatón preside el Concejo. Discuten asuntos relativos a la moral junto al nacido en Palermo, el santo Agatón.  Cuatro siglos atrás, su sucesor epistemológico, San Agapito, había decretado la verdad de la verdad absoluta…

En el fondo del recinto, un reacio y acérrimo detractor –acaso un escéptico errático y alucinado lector de los textos sacros- de esa negra doctrina habría de gritar: “mil veces falso es el significado atribuido al in-significado del significado”…

Y tras correr mil metros aproximadamente -porque todo es relativo-, cayó  a un abismo antes de desaparecer para siempre.

 

AGATÓN II

A San Agatón lo quemaron en Alejandría por mártir… Al final, un fumífero desalmado, tomó un tizón flagrante y encendió su pipa de caña… Todo estaba permitido aún desde entonces.

 

AGATÓN III

El soldado Agatón, del antiguo Imperio  Romano, al ver el cuerpo consumado –casi hecho carbón- del aquel mártir, no dudo en encender su una hoguera para beber vino, con los restos mortales de aquel santo Patrón. A su salud, dijo y vació la copa.

 

AGLAURO

En la ciudad de Atenas, residía el Rey Acteo. Éste odiaba a Ares, quien embrujó a su descendiente y le dio como progenie a la maldita Alcipe. Esta, al verse desdeñada por su abuelo, y tras el éxito de su historia en la banal cultura posmoderna de la actualidad, sin saber a quién más demandar, lo llevó a una corte de New York, pues el dueño de sus derechos de autor, un empresario londinense y judío, demandaba a Dante Alighieri por usufructuar su nombre con fines editoriales… El pleito fue famoso en las revistas de farándula…

Desde entonces, en todas las ediciones posible -e imposibles- de La Divina Comedia, aparece su nombre y ella vive, de la dicha- ¿quién lo diría?- en una isla griega, tomando cocteles de frutos rojos  y leyendo aquel libro –mientras se carcajea- que la llevó a la fama.

Larga vida a Malcipe, hija de Acteo, allá en Grecia la antigua y en el actual adefesio posmoderno…

 






 

AGUSTÍN

La “Ciudad de Dios” era una favela del Infierno, allá en las laderas de Rio de Janerio… Ese paraíso…

En la entrada de las chabolas pintorescas y con olor fétido a miseria humana, como en un aviso de publicidad neón, había una estatua del santo, teólogo y filósofo nacido en Numidia…

Era el lugar donde los más pequeños, jugaban tiro al blanco con revólveres artesanales…

Darle en los ojos era llegar al paraíso…

Si no lo hacías, -como en una confesión a mil voces- tenías que matar a tu vecino, tu primo, tu amigo o a tu hermano… A tu madre y abuela. El camino a Dios es inconmensurable y espinoso…

Tal vez así llegarías a la quinta esfera del Cielo. Quizá. Nada es seguro o real. Sólo la muerte.

 

ALBERTO MAGNO

Mientras estaba en el inodoro, y recitaba sus tesis-sagradas, el santo doctor no dudaba ni sospechaba que su discípulo – El Gran santo Tomás de Aquino- lo escuchaba en silencio, y con un latín garrapateado, plagiaba sus tesis medievales, las cuales, no lograba entender… Aunque tuviese que soportar sus pestilencias del estómago.

Dios daría f…

 

ALCIDES

El último nieto de Hércules (muchos siglos luego), murió de hambre en un país de mierda.

 

ALCMEÓN

 

Había dicho el gran médico que los mitos carecían de raíces racionales. Mas una noche, tras leer los manuscritos pitagóricos –por no decir de Pitágoras que siempre vivió en el mutismo sabio de su oscuridad luminosa- desdeñó sus propios e infundados conocimientos anatómicos, de los que muchos siglos después sería considerado el padre primigenio.

Cuando, tras la disección del felino, éste maullara de tal forma, que les erizara los pelos finos a los espectadores sapientes, y tras esto, saltara de la mesa de operaciones racionales, hacia la noche de la noche de los tiempos… Se rasgó el velo del misterio…

Alcmeón nunca contó esto a su maestro Arkitas –mucho menos a Pitagóras a pesar de su prurito de la razón-  por temor de su corazón amargo al sinsentido, reacio a caer en el abismo de la vergüenza.

 

ALCMEON II

Su padre era un adivino griego que le había revelado la fortuna de los Astros… Sólo tenía que ver el destino de los hombres grabado en las manos, así como se leen las estrellas…

Sin embargo, una vez de total eclipse solar, perdió el don de la presunción: ahora confundía sus sombras con las sombras de las sombras, y su lenguaje se tornó tan abstruso, que ni él mismo, en adelante, logró descifrar el significado de sus elucubraciones bizarras así como elocuentes.

 

ALDOBRANSCHI

El orgullo es el odio a sí mismo que se arrastra en el fango: para ser humano basta conocer el sabor de ese infierno…

 




ALEJANDRO

He asesinado un número inaudito –no cabe en la mente de Pitágoras el sagrado silencio  silente- de almas, de cadáveres sobre cadáveres de cadáveres que apelmacé...

Según mi Maestro (Aristóteles… ¿Lo dudaría acaso?), no son nada… Nada de nada bajo el Topos Uranus platónico…

Bajo mi filo inclemente aunque lleno de sapiencia… Nada son.

Ni la muerte me detendrá… Soy el sol que se pone en el ocaso de mis enemigos…

Nada me vencerá… Soy el hijo de la diosa Victoria…

¡Loa Atenea!…

¿Acaso Grecia dudó en someter sus baluartes ante mi espada?…

¿Acaso los dioses osaron sus rayos de ocaso destructivo contra mi osadía?…

¿Acaso Zeus o -Astophet la maldita- se interpuso en mi camino?…

Alejandría será el faro de la eternidad…

Y esta peste que me acosa, estos malditos mosquitos -maldición de la fiebre- no han de ser tan valientes para arrebatarme la vida eterna que me embriaga entre delirios magnánimos…

Porque soy el Magno y nunca nunca nunca moriré…

 No moriré…

…Y seré el héroe de milenios de sangres turbulentas.

 

ANACREONTE

Cuando los dioses llamaron a la cena de los inauditos, él se quedó con el último plato…

La poesía siempre se sirve fría…al final…

Por eso el demiurgo, el gran poeta lírico, eructó y dijo: “ya estaba pletórico de significados, una especie de nausea que me invade, muchos agradecimientos, y el mejor apetito os acompañe…”.

Y tras esto, se reclutó en su humilde morada, solomo como un parasito estomacal –o cerebral  a escribir sobre el placer y la buena mesa.

ANANIAS

Dije una mentira. Y como un cerdo creció, creció y gruñó verdades que me atemorizaron… Luego maté a la bestia que gruñía y me escondí con un traje que hice con su cuero peludo… Todos en le villorrio sabían lo que había hecho; pero yo los saludaba con el santo padre y la señal de la santa cruz –aún siendo judío- y llegaba a casa a tomar la sopa caliente…

Sin embargo, yo sabía que en el fondo, algún día, habría de arder el en el Infierno, es decir, en los otros…

 

 


 

  ÁGORA, REVISTA DE MINIFICCIONES N°8, AÑO 2025